Belleza y sostenibilidad

Belleza y sostenibilidad

Salud para nuestra piel y respeto por el medio ambiente.

Cada vez somos más conscientes de que el dicho “somos lo que comemos” es un hecho y por eso cada día, se apuesta más por los productos ecológicos libres de residuos químicos. Pero hay otra realidad que pasa más desapercibida, y es que lo que nos ponemos en la piel, influye no sólo en nosotros sino también en el planeta.

Los cosméticos en su origen tenían un sentido sagrado, eran un regalo de los dioses a los hombres. Se maquillaban los sacerdotes, a los muertos y hasta las estatuas que representaban a los dioses, ya que llevar maquillaje era un símbolo de unión entre lo humano y lo divino. Pero actualmente, hay demasiados cosméticos en los que encontramos sustancias peligrosas para la salud.

Se trata de productos químicos como disolventes, conservantes, fragancias sintéticas, colorantes, antioxidantes… lo que normalmente identificamos como PEG, parabenos o parafinas. Además de ser productos que interfieren en nuestra salud a largo plazo, porque pasan a la sangre y se almacenan o reparten por nuestro cuerpo, también perjudican la sostenibilidad del medio ambiente.

De una parte nos encontramos con la contaminación residual de estos productos, ya que los sistemas de alcantarillado no están equipados para la eliminación de estos químicos en concreto, que finalmente acaban en nuestros océanos. Algunos de estos contaminantes incluso los encontramos en formato de plástico, como las partículas de algunos geles exfoliantes o pastas de dientes, que aún siendo partículas microscópicas, no debemos olvidar que su descomposición es extremadamente lenta y perjudica gravemente el ecosistema marino.

Además, los métodos de elaboración de la cosmética convencional, están basados en procedimientos químicos con derivados del petróleo y otras sustancias dañinas para el cuerpo humano, que no respetan los principios de sostenibilidad ambiental. Y aunque cada vez, los fabricantes se conciencian de la necesidad de no testar los productos en animales, todavía queda mucho camino por recorrer en este tema.

Cosmética Certificada.

Para estar seguros que aquello que nos ponemos en nuestra piel es saludable y además no daña el medio ambiente, la mejor alternativa es la cosmética natural certificada.

Sabemos que la piel es el órgano más grande del cuerpo y dada su importancia, debemos de cuidarlo al máximo. Es entonces cuando nos planteamos, ¿por dónde empezamos? Para quienes ya son conscientes de ello la pregunta puede ser: ¿qué es lo prioritario, lo más importante que hay que tener en cuenta?

Pues bien, un buen planteamiento es empezar por lo que más nos motive y nos sintamos capacitados: empezar cambiando nuestro champú o nuestra crema nos ayudará a contribuir a reducir el impacto ambiental que todos estos productos generan en el medio.

Todo lo que absorbe la piel en cuanto a vitaminas, aceites, etc., ha de estar acompañado de sustancias vivas, de ahí la importancia de que sean compuestos naturales (afines a la piel) y no sintéticos totalmente ajenos a ella. Muchos de los ingredientes químicos, al entrar en contacto con la piel pueden alterar sus funciones, bloqueando los poros, o provocando irritaciones y alergias.

Estos productos nos acompañan cada día, desde que nos levantamos y nos lavamos la cara hasta que nos acostamos y nos lavamos los dientes o nos ponemos una crema hidratante en la cara. Por ello, es fundamental escoger productos que cuiden nuestra piel.

Productos para tu salud y la de tu planeta.

Una de las mejores opciones para cambiar rutinas es el uso de aceites vegetales puros de producción ecológica.

El aceite de argán o de onagra para pieles maduras, el aceite de rosa mosqueta para cicatrices, el aceite de jojoba para pieles grasas o con tendencia acnéica o el aceite de almendras o manteca de karité para hidratar el cuerpo después de la ducha.

Peeling respetuoso:

A veces lo más natural y sencillo es lo más saludable. Utilizamos un exfoliante, facial o corporal para eliminar las impurezas y las células muertas de la piel, para que ésta respire por todos sus poros y se hidrate y nutra con facilidad. ¿Por qué no hacerlo con un producto natural para evitar la contaminación que provocan las minúsculas partículas de plástico de los productos cosméticos convencionales?

Una opción es prepararte tu propio exfoliante con arcilla verde; la diluyes con un aceite vegetal, por ejemplo el de caléndula para las pieles más sensibles, y cuando obtengas una textura bastante espesa, aplícala sobre la zona del cuerpo que desees exfoliar realizando pequeños círculos.

Si tu piel es más grasa o más madura, también puedes hacer tu propio exfoliante utilizando sal del Himalaya, con la que obtendrás un preparado muy mineralizante que contribuye a nutrir las capas más profundas de la piel. Sólo tienes que mezclar un puñadito de sal con un aceite vegetal: de aguacate para pieles secas, de germen de trigo para pieles maduras o de jojoba para pieles grasas. Como en el caso anterior, aplícalo realizando pequeños círculos con suavidad, para no dañar la piel.

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